Operación «Falso testigo»: un falso servicio de recuperación de fondos que suplantaba a las autoridades
OpenAI bloqueó cuentas que muy probablemente operaban desde Camboya y usaban IA para hacerse pasar por servicios de recuperación de fondos, bufetes y autoridades con el fin de captar a víctimas de fraude.
Este caso de estudio se publicó originalmente en el informe de febrero de 2026(se abre en una ventana nueva) de OpenAI sobre la desarticulación de usos maliciosos de la IA.
Responsables
Bloqueamos un conjunto de cuentas de ChatGPT que usaban nuestros modelos para hacerse pasar por bufetes ficticios y suplantar a abogados reales y a las fuerzas del orden de Estados Unidos, en una estafa que prometía recuperar fondos a víctimas de fraude. Es muy probable que esta actividad tuviera su origen en Camboya y encaja con informaciones publicadas recientemente sobre redes de estafas dirigidas por delincuentes chinos en el país.
Comportamiento
Las cuentas usaban ChatGPT para apoyar una operación fraudulenta que prometía recuperar el dinero perdido en estafas. La operación se basaba en bufetes falsos y en la suplantación de personas y entidades de confianza, como abogados reales y el Centro de Denuncias de Delitos en Internet (IC3) del FBI.
1. Contacto: los estafadores usaban ChatGPT para crear contenido que supuestamente procedía de al menos seis bufetes falsos. Parte de este contenido se publicaba después en cuentas de redes sociales y anuncios en línea que promocionaban servicios ficticios de recuperación de fondos perdidos en estafas. Varios indicios de fuentes abiertas apuntaban a que los bufetes eran fraudulentos: no había pruebas de que sus abogados estuvieran colegiados en el estado correspondiente, usaban dominios web incongruentes, facilitaban direcciones postales que no parecían existir e indicaban que se debía contactar con los abogados a través de aplicaciones de mensajería.

Los estafadores usaban nuestros modelos para generar contenido en redes sociales que promocionaba falsos servicios de recuperación de fondos perdidos en estafas.
2. Captación: los estafadores intentaban ganarse la confianza de sus víctimas generando comentarios que trataban de imitar el tono y la profesionalidad de abogados especializados en ayudar a víctimas de estafas a recuperar el dinero perdido. Generaban contenido atribuido a supuestos abogados. Identificamos a algunos de estos supuestos abogados en varios sitios web, donde sus fotos de perfil parecían haberse extraído de redes sociales o generado con IA. En algunos casos, el estafador reutilizaba las mismas identidades de «abogados» en varios supuestos bufetes. Uno de los sitios web que identificamos se hacía pasar por el IC3.
Los datos de contacto publicados en estos sitios web fraudulentos dirigían a los visitantes a aplicaciones de mensajería privada, como Telegram. En los mensajes dirigidos a las víctimas y redactados con ChatGPT, los estafadores afirmaban falsamente que operaban bajo la supervisión de la Corte Penal Internacional y aseguraban que no cobrarían honorarios hasta haber recuperado la totalidad de los fondos de la víctima.
3. Estafa: los estafadores intentaban sacar dinero a las víctimas solicitando honorarios y depósitos antes de cualquier «recuperación». Entre otras cosas, exigían a las víctimas el pago de una «comisión por servicio» del 15 % antes de recibir los fondos supuestamente recuperados, solicitaban depósitos para activar una cuenta y cobraban «honorarios de consulta». Los mensajes que los estafadores redactaban con ChatGPT para sus víctimas incluían instrucciones para pagar con criptomonedas y aportar capturas de pantalla de las confirmaciones de las transacciones como justificante de pago.

Un sitio web vinculado a esta estafa que suplantaba a la unidad IC3 del FBI. Al hacer clic en «presentar una denuncia», se dirigía a los visitantes a una cuenta de Telegram que también suplantaba a esa unidad.
Ejecución
La operación utilizaba nuestros modelos como apoyo en varias fases de su actividad, como la generación de contenido promocional para redes sociales y de mensajes de contacto no solicitados dirigidos a posibles víctimas. Sin embargo, los estafadores usaban ChatGPT sobre todo para traducir los mensajes que intercambiaban con las víctimas en aplicaciones de mensajería privada, con peticiones como redactar una respuesta en «inglés estadounidense» o con el estilo de un abogado.
Algunas de las cuentas fraudulentas también usaban nuestros modelos para crear materiales engañosos destinados a reforzar su credibilidad. Entre estos materiales había documentos y carnés de colegiación de abogados falsos, así como acuerdos de confidencialidad fraudulentos para disuadir a las víctimas de buscar ayuda externa.

Un carné falso del Colegio de Abogados del Estado de Nueva York generado con nuestros modelos. Los investigadores de OpenAI han ocultado algunos datos.
Impacto
La evaluación del impacto exige cautela, ya que una de las principales fuentes de pruebas son los textos que los propios estafadores introducían en el modelo. Esos textos sugieren que los estafadores podrían haber sustraído miles de dólares a víctimas individuales, pero no podemos verificar esas afirmaciones de forma independiente. El FBI y al menos uno de los bufetes suplantados han emitido alertas públicas sobre esta estafa. Responsables del FBI advirtieron de que la operación se dirige a colectivos vulnerables, en particular a las personas mayores, y se aprovecha del estado emocional de las víctimas de estafas y de su deseo de recuperar rápidamente los fondos perdidos.
Las políticas de OpenAI prohíben estrictamente usar el contenido generado por nuestras herramientas para cometer fraudes o estafas. Estamos comprometidos con la colaboración con otras empresas del sector y con las autoridades para comprender cómo influye la IA en las conductas maliciosas y desarticular activamente las estafas que abusan de nuestros servicios.