Cada pocas generaciones, una nueva tecnología lo cambia todo.
Imagina la llegada de la electricidad a un pueblo rural de Estados Unidos en la década de 1920. Antes de que llegaran las líneas eléctricas, la vida diaria estaba definida por límites físicos: acarrear agua, lavar la ropa a mano, conservar alimentos con hielo y terminar gran parte del día cuando se ponía el sol. La electricidad no transformó todos los hogares de la noche a la mañana, y muchos de sus beneficios llegaron a las personas de manera desigual. Pero a medida que el acceso se expandió, la vida cotidiana cambió. La luz nocturna extendió el día. Las bombas eléctricas, los electrodomésticos y la refrigeración redujeron parte del trabajo diario más duro. Las radios llevaron noticias, música y conexión desde cientos de kilómetros de distancia hasta los hogares y espacios comunitarios.
La primera promesa de la electricidad fue práctica, pero su impacto más profundo vino de las nuevas posibilidades que abrió a medida que más personas pudieron usarla. Con el tiempo surgieron muchas posibilidades nuevas, con máquinas y computadoras que aceleraron enormemente el progreso en medicina, ingeniería y muchos otros campos. Para fines del siglo XX, la esperanza de vida promedio había aumentado más de 20 años y el ingreso mediano ajustado por inflación se había triplicado aproximadamente. Estos avances se debieron en buena medida a mejoras en salud, saneamiento y estándares de vida, muchas de las cuales fueron posibles o se aceleraron gracias a la electrificación generalizada y al progreso tecnológico relacionado.
Esto está ocurriendo de nuevo con la IA. La IA pronto será capaz de cosas extraordinarias. Pero el punto no es la tecnología por sí sola. El punto es lo que las personas pueden hacer con ella. Puede ayudar a alguien a entender una factura médica, aprender una nueva habilidad, iniciar un pequeño negocio, cuidar a un padre o una madre mayor, comprender una decisión legal o financiera, convertir una idea en algo real o hacer un descubrimiento científico.
Aunque el asombro de tener luz por la noche probablemente se desvaneció bastante rápido, lo que las personas decidieron hacer con ella no lo hizo. Y como la tecnología ha sido una forma confiable de generar prosperidad con el tiempo, creemos que la IA debería estar disponible para que todos la usen tanto como necesiten, donde y como la necesiten.
Ese futuro no ocurrirá automáticamente. Las tecnologías transformadoras pueden concentrar el poder o ampliarlo. Pueden facilitar la vida de unos pocos o ampliar las oportunidades para muchos. Nuestro enfoque se basa en la convicción de que la IA debe trabajar para las personas: ayudarlas a perseguir sus propios objetivos, aumentar sus capacidades y distribuir los beneficios de esta tecnología lo más ampliamente posible.
Nuestro primer compromiso es crear IA al servicio de la humanidad. Eso significa que queremos empoderar ampliamente a las personas, no ver el poder concentrado en unas pocas empresas, gobiernos o individuos. Creemos que el futuro más seguro es aquel en el que el poder está ampliamente distribuido, para que más personas del mundo puedan participar en la construcción de un ecosistema de resiliencia.*
Somos optimistas sobre la IA porque creemos que puede ampliar la capacidad humana y la prosperidad. Pero también vemos los riesgos con claridad. Los sistemas poderosos deben seguir siendo seguros, alineados con la intención humana y sujetos al control humano. Nuestra misión en OpenAI es asegurar que la IAG beneficie a toda la humanidad. Eso significa crear sistemas que ayuden a las personas a hacer más de lo que elijan, no sistemas que sustituyan el juicio humano sobre lo que importa.
Automatizarlo todo por completo no es el futuro que queremos. Sería poco satisfactorio y sería peligroso. La IA debe ayudar a las personas a perseguir sus objetivos, no desvincularse de ellos. A medida que los sistemas de IA se vuelven más capaces, el papel humano se vuelve más importante: fijar el rumbo, decidir concesiones, aplicar criterio y aportar valores, gusto, cuidado y responsabilidad al trabajo.
Un papel clave de largo plazo para las personas será decidir qué vale la pena hacer.
Creemos que la IA que hace investigación en IA se convertirá en el factor determinante del ritmo del progreso en los próximos años. Eso importa porque la alineación es en sí misma un problema de investigación difícil. Para avanzar rápido y en profundidad, nuestros investigadores necesitarán sistemas de IA que puedan ayudar a probar ideas, encontrar errores, explorar alternativas e iterar junto a nosotros.
Pero un progreso técnico más rápido hace que el juicio humano y la coordinación pública sean más importantes, no menos. El futuro debería ser moldeado por personas, instituciones y sociedades, no solo por las empresas que construyen los sistemas más capaces.
A medida que continúe el desarrollo de IA de frontera, esperamos que la coordinación nacional y global se vuelva más importante. Desde hace tiempo creemos que, en última instancia, debería existir una organización internacional que ayude a coordinar los principales esfuerzos de IA para reducir el riesgo catastrófico. La cooperación y los estándares de seguridad compartidos son una parte importante del camino a seguir, en especial porque es difícil escapar de los incentivos en torno a la competencia comercial y nacional. Un objetivo de una organización así debería ser hacer posible que el mundo actúe de manera coordinada, incluso frenando el desarrollo de frontera cuando sea necesario, para que la resiliencia social, la seguridad y la alineación puedan mantener el ritmo.
Construir un investigador de IA automatizado: un sistema de IA que pueda acelerar y automatizar cada vez más el proceso de investigación, sin dejar de ser dirigible, responsable y conectado con las personas. Nuestra convicción interna es que, para marzo de 2028, una fracción significativa de nuestra investigación podría estar a cargo de sistemas de IA en conjunto con nuestros propios investigadores. Para lograr suficiente progreso en alineación, creemos que necesitaremos que las IA iteren junto a nosotros. Esto nos ayudará a navegar la transición hacia el mundo posterior a la IAG, para que decidamos colectivamente el camino hacia el futuro.
Acelerar la economía, al acelerar el progreso científico, la productividad y el crecimiento económico, mientras trabajamos para asegurar que los beneficios se compartan ampliamente. Todas las personas deberían tener la oportunidad de participar de manera significativa en la prosperidad que crea la IA.
Dar a cada persona en la Tierra una IAG personal, para que pueda beneficiarse de una de las tecnologías más transformadoras de la humanidad de la forma que elija.
Para poder cumplir con esto, estamos entrando en la tercera fase de OpenAI.
La primera fase de OpenAI se centró en investigar el camino hacia la IAG. La segunda fase comenzó cuando nuestra investigación se volvió relevante para el mundo real y nos convertimos en una empresa de productos: desplegamos nuestros sistemas, aprendimos de cómo las personas los usaban y seguimos avanzando hacia una IAG segura y alineada con nuestra misión.
Ahora estamos entrando en la tercera fase. La economía empieza a reconfigurarse alrededor de la IA. La pregunta central ahora es cómo hacer que la IA avanzada sea abundante, asequible, segura, útil y lo bastante fácil para que toda persona y organización pueda beneficiarse de ella. La capacidad de frontera es solo una parte del trabajo. La tarea mayor es convertir esa capacidad en herramientas que las personas realmente puedan usar para prosperar.
Por encima de todo, creemos que una amplia distribución del poder ayudará a conducirnos a un futuro mejor. La historia humana muestra que el poder concentrado crea fragilidad, mientras que el poder ampliamente compartido hace que las sociedades sean más resilientes, adaptables y libres.
Por eso el acceso importa. También por eso importan la seguridad, la privacidad, la asequibilidad, los ecosistemas abiertos y la supervisión pública.
Un buen futuro de la IA no puede ser uno en el que unas pocas instituciones controlen la mayor parte de la capacidad y de los beneficios. Debería ser un futuro en el que muchas personas, empresas, comunidades y países puedan construir, beneficiarse y ejercer poder. Creemos que esta transformación debería pertenecer a todos.
Si hacemos esto bien, la IA puede convertirse en una base para una mayor productividad, creatividad, progreso científico y oportunidad económica para muchos, y lograremos nuestra misión: asegurar que la IAG beneficie a toda la humanidad.
*La resiliencia de la IA se refiere a las organizaciones, los sistemas y las personas que la sociedad podría establecer colectivamente para anticipar, resistir, adaptarse y recuperarse rápido de disrupciones impulsadas por la IA. Por ejemplo, el automóvil transformó la sociedad, pero solo llegó a ser ampliamente beneficioso porque las sociedades construyeron sistemas a su alrededor: cinturones de seguridad, leyes de tránsito, licencias de conducir, pruebas de choque e infraestructura vial. El objetivo no era impedir que la gente condujera, sino hacer que una tecnología poderosa fuera lo bastante resiliente para un uso generalizado.


